La infraestructura como arte hacia los readymades urbanos
¿Está permitido, mientras aceleramos a lo largo de la compleja red de distribuidores viales elevados, sucumbir a un placer estético incondicional? ¿Encontrarnos encantados por el centelleo cinético de la luz, asombrados por el formidable poder de sus elementos estructurales, intrigados por el vibrante equilibrio entre técnica y función como sensaciones similares a aquellas desatadas por obras de arte moderno? Tal vez algún día estos rugidos de concreto y acero aparecerán como las inconscientes catedrales de la era del automóvil.. Obras sublimes diseñadas por ingenieros civiles anónimos en nombre del primordial acto de fe de la sociedad de consumo: la movilidad. Conducir por esas esbeltas rampas aéreas, al entrar a Nápoles por el barrio del Vomero, quita el aliento, como lo hacen algunas secciones del anillo periférico de París. Las nuevas vías aéreas que vuelan sobre los distritos comerciales de Shanghai inspiran sobrecogimiento y reverencia. Y encontrarse en el laberíntico distribuidor de la interestatal 45 y la autopista 59, cerca del centro de Houston, es tan poderoso como pararse bajo el crucero de Notre Dame de Beauvais.Dicho lo anterior, no podemos negar que esos vuelos de las autopistas son, al mismo tiempo, evidentes heraldos de una avanzada catástrofe ambiental: incorregibles agentes de la contaminación atmosférica y acústica, de accidentes de tránsito y de desorientación urbana.
miércoles, 8 de octubre de 2008
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